─Si bueno pero a mí eso no me queda bien porque tengo dos dedos de frente...─decía uno.
─Buh! si que tienes frente pero mírame a mí, yo tengo cuatro dedos de frente y temo que me quede calvo como mi padre...─respondía el otro.
─No te preocupes aun eres joven─le consoló el primero fingiendo que le importaba.
Las dos voces se alejaron y para entonces ya me había quitado el pantalón más ajustado que nunca me he probado y salí en calzoncillos y delante de ellos me puse a gritar:
─¿Es que nadie les ha oido? ¡nadie ha oido hablar a esos dos! ¡Están como cabras!─yo les señalaba con el dedo, y todo el mundo que estaba en la tienda tanto clientes como trabajadores se pararon a mirar a un loco en calzoncillos en media de la tienda abarrotada y señalando a dos chicos con el dedo mientras les gritaba algo, las miradas de muchos eran auténticos regalos para un fotógrafo.
─¡Sí, vale yo estoy loco! Pero ¿y ellos?─las miradas de los espectadores cambiaron a peor con mi último comentario.
Rápidamente se acercó lo que parecía el encargado de la tienda y me metió en el probador, y me invitó a que me vistiera de nuevo y saliera de su tienda. Este fue uno de mis primeros actos de cordura, sin apenas experiencia no salió del todo bien.
─Y por cierto, ¿cómo se llama?─me preguntó el encargado para dar nombre a mi cara fichada.
─Mi nombre es Eduardo Norte.─Y sí, según la civilización he perdido el norte, pero ¿cuál es el norte?
